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Esta sección está en construcción, pero cuando la acabe aquí tendréis todos los reportajes publicados en Blogia Parents, ordenados inversamente por fecha de publicación.
Celebraciones familiares(26/12/2.014)
Un año más, el pasado 26 de diciembre volvimos a reunirnos prácticamente toda la familia en casa de la abuela Antonia para celebrar el cumpleaños de Mari.
Celebraciones familiares(25/12/2.014)
Saben aquel de un sevillano que diu a un cordobés: te voy a hacer unas albóndigas en caldo que te vas a chupar los dedos; y el cordobés le dice: ¿Cómo las vas a hacer, en caldo?
Celebraciones familiares24/12/2014
Aunque los Vidales somos multitud en todas nuestras celebraciones, siempre se echa de menos a alguien cuando nos reunimos. Sobre todo en una noche como esta.
Celebraciones familiares14/12/2014
Hay historias que condicionan la vida de una persona y hay personas que condicionan la historia de su vida. La fortaleza es la virtud que va a determinar la sintaxis de cada caso.























































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Olvidarlo no, q recordarlo me hace ver que sin mi madre me muero.
ResponderEliminarque día eh,no creo poder olvidarlo nunca,tenia más mido que once viejas,pero despertar y saber que mi famia estaría allí,y sentir que no me dejarían sola ni un momento,me hacía sentir segura,aunque he de reconocer que a veces,muchas veces,mas de cuatro veces,estuve un poquito especial en el trato,pero como sigue la canción,todas las cosas no son como parecen,GRACIAS con mayúsculas a toda mi FAMILIA,tan mayúscula como yo esperaba,un beso
ResponderEliminarQuizás os interese saber que este artículo lo he publicado también en "Vidality's Blog", ya que por tratarse de un mismo asunto puede que queráis conocer los comentarios que allí se puedan publicar. Este es el enlace:
ResponderEliminarhttp://vidalitysblog.blogspot.com/2012/02/un-ano-despues.html
Ya hace un año desde aquel día en que los nervios y las horas se nos hacian interminables ... luego ella tan fragil, tan indefensa, ella que siempre ha sido la fuerte, la que todo lo controla, la que nos aconseja, la que siempre está ahí.
ResponderEliminarNos tocaba hacer su papel, cada uno en lo mejor que supiera, acompañarla, mimarla, cuidarla...
Pero ya la tenemos sana y recuperada (que se nos habia quedado flaquita) y con la experiencia encima que dan cosas como estas que nos enseñan a vivir y hacerlo con mayuscula a darnos cuenta de que nada como la familia.
Hoy sin que nadie se enfade quiero dar el más fuerte de los abrazos y el más grande de los te quiero a mi hermana mayor.
Gracias por seguir aquí
Hace un año ya, pero a mi me parece un siglo. Quizá porque mi mente siempre tiende a borrar aquellos recuerdos que me hacen sufrir. Pero en esta ocasión preferiría no enterrarlos, porque aunque fue un día tremendamente duro, fue de esos días donde te das cuenta lo que verdaderamente quieres a una hermana, donde no soportas la posibilidad de que algo salga mal, donde el miedo de uno es el miedo de todos, y donde cada pequeño pasito adelante es una fiesta para todos.
ResponderEliminarPienso en ese día y me sigo emocionando, y me vuelve el nudo en la garganta... pero también me vuelve la alegría de saber que mi hermana está más llena de vida que nunca.
Gracias, Marián, por luchar tanto aquellos días, por portarte como una jabata, por darnos a todos un ejemplo y por seguir siendo nuestra hermana mayor. Nos haces mucha falta.
Te quiero... hasta el infinito y más allá.
No creo que este hilo deba extenderse mucho más ni pretendo recrearme en el recuerdo de lo que ocurrió hace un año, pero quisiera decir algo, sólo algo, de cómo viví aquella experiencia. Desde que fue operada hasta que le dieron el alta, Marián sólo pasó una jornada ingresada en el Reina Sofía, una jornada interminable, eterna, una jornada en la que el sol y la luna alternaron su reinado no sé cuántas veces, pero sólo una jornada. No conté ni una sola de las horas que duró aquella jornada ni me pregunté cuántos días podían faltar para salir de allí. Vivía sólo el instante del día que estaba transcurriendo en cada momento, sin mirar nunca hacia atrás ni hacia delante, consciente de que la única actitud en la que podíamos ampararnos para encontrar la entereza con que afrontar la realidad que estábamos viviendo no era otra que la de someterse a ella. Sí, nuestra esperanza se cobijó en la resignación para sobrellevar aquel trance el tiempo que fuese menester.
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