Ayer, domingo y último día de la Cata, cuando me dirigía a trabajar a mediodía, el viento del sur traía hasta la glorieta de los Almogávares embriagadores aromas de bodega montillana y el eco risueño de un tumulto vociferante y alegre, congregado en la explanada de la Diputación.
Coño, y el día de antes estuvimos allí "un ratito" por la mañana y yo no me acuerdo de ná de esto:
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| Al principio algunos decían: "No, es que a mi este vino no me gusta mucho."
Ya, ya.
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