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domingo, 24 de marzo de 2013

JAZZ 
Nuestras mascotas

Contemplando la expresión con que el Jazz ha posado para nuestro blog uno no puede decir, con perdón, otra cosa que este perro antes que nada es una buena persona.
 ¿Se puede ser empecinado, noble y obediente a la vez? A la vista está que sí. Contemplando la expresión con que el Jazz ha posado para nuestro blog uno no puede decir, con perdón, otra cosa que este perro antes que nada es una buena persona.

Con este artículo iniciamos una serie dedicada a nuestras mascotas familiares, que ellas, a su manera, también han hecho del "fosforilleo" una forma de entender la vida.

Estoy teniendo problemas con la página que alberga las fotos de los artículos del blog. Las fotos de este artículo os las dejo en una nueva página provisional. Este es el enlace:


Como es normal, las fotos aquí tienen rebaja sensiblemente la calidad para no sobrecargar el blog. Si queréis descargaros las imágenes en su calidad original, podéis hacerlo en este enlace:

(fecha límite de descarga: 07/04/2013)






4 comentarios:

  1. La verdad que cuando que Jazz entró en casa descubrí lo que puede llegar a aportarte un animal y lo que puedes llegar a quererlo. Ellos te quieren porque sí, porque te quieren. No ves en ellos ningún tipo de interés que no sea querer estar contigo, que los quieras, que les des tu cariño, sólo eso. No hay nada que les pueda hacer más felices que el que tú entres por la puerta. No hay amor más incondicional. Nos dan una lección todos los días de lo que es fidelidad.
    Mi Jazz además es que es un amor, es simpático, es obediente, es noble, y pa colmo de los colmos es un guaperas. A mí es que, a pesar de la lucha por sus pelos, me tiene loca... lo quiero tanto...

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    1. Pues sí, para ellos la fidelidad es el primer valor en su escala moral; y ellos convierten la incondicionalidad en un sentimiento. Llegamos a quererlos hasta límites que cuesta trabajo comprender; pero no nos engañemos, el mérito sólo es de ellos. Más allá del derecho de propiedad que podamos ejercer sobre ellos, si lo pienso detenidamente acabo convenciéndome de que nosotros no los elegimos como mascotas, sino que, de una manera subliminal, son ellos los que nos eligen a nosotros como sus dueños. Y así nos vencen y son ellos los que acaban estableciendo las pautas de nuestra relación.

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  2. Pues si eso es así, que ellos eligen a sus dueños, qué afortunada que soy!!!

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    1. A ver si matizo, que la Primogénita no escribe pero me dice que no está de acuerdo con mi comentario anterior: Nosotros los adquirimos como mascotas, pero antes de que nos demos cuenta, antes de que empecemos a quererlos, no es que elijan que seamos sus dueños, es que lo han decidido. Y, desde el primer momento así nos lo van a demostrar actuando en consecuencia de manera incondicional.

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